La enseñanza de las ciencias naturales tiene potencialidades muy significativas para desarrollar las principales
competencias que requiere el desempeño ciudadano y el desempeño productivo: capacidad de abstracción para ordenar
el enorme caudal de información, para comprender que hay más de un camino para llegar a descubrir nuevos conocimientos;
de trabajo en equipo, para promover el diálogo y los valores de solidaridad y de respeto al otro.
La alfabetización científica es parte esencial de la formación ciudadana. El saber científico implica también una forma de razonar,
una manera de pensar la realidad, donde las ideas deben ser organizadas racionalmente y deben ser sometidas a la prueba
empírica y a la coherencia entre enunciados. En la falta de alfabetización científica hay un serio peligro para la democracia.
La alfabetización científica con la que debe contar una sociedad incluye y excede a la enseñanza tradicional porque en la actualidad
no basta con estar informado sino que, como ciudadano, es imprescindible contar con herramientas racionales de decisión y
con un nivel de información creciente, que no es cubierto por la televisión o los diarios. Cuestiones como:
los recursos energéticos, la bioética, tecnología, entre otras, implican a la ciudadanía porque deben tomarse
decisiones que no pueden dejarse solo en manos administrativas o de expertos.